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Joaquín Novillo, el defensor debutante de Belgrano que empezó su carrera de “9”

La Voz del Interior | 29/01/2019


 

Joaquín Novillo es el ser con más entereza del predio de Villa Esquiú y “galaxias aledañas”. Es un terco de los lindos, de esos que quieren hacer posible el imposible. Y lo logran. Lo demuestra su historia, que es la historia del pibe de 20 años que debutó en la primera de Belgrano el domingo, en el 0-0 ante Unión. No había nadie más feliz que él en el Gigante de Alberdi. No había nadie más nervioso que él hace apenas dos días. No hay nadie como él en el equipo. Y va el porqué en los párrafos siguientes.

Novillo, un grandote-grandote, antes de ser es esa mole fue un bebé, claro. Nació en barrio Lomas de San Martín y desde los primeros pasos le pintó jugar al fútbol. Cerca de su casa estaba la escuelita de fútbol de Luis Galván, uno de los más notables defensores que haya tenido la selección argentina de fútbol.

Ahí, en esas canchitas que están sobre la avenida Monseñor Pablo Cabrera, Lisandro se fue haciendo esa bestia que impactó a todos el estadio Julio César Villagra. Hacía dupla de defensor con su hermano, Lucas. Los dos fueron vistos por Pablo Kratina, quien reemplazó a Galván en el mando de la escuelita.

Y Kratina los llevó a una prueba en Huracán de barrio La France. Entusiasmado con la chance de jugar, dijo que jugaba donde lo pusieran. Claro que los evaluadores lo vieron grandote y lo mandaron al frente. “En la primera prueba metí un gol y dije: 'Ya está; voy a ser goleador' (risas), pero después no hice ningún más”, recuerda Joaquín.

Con el paso del tiempo, la falta de gol lo fue alejando del arco rival hasta ponerlo más cerca del arco propio. Y ahí empezó a brillar. Tanto que quedó en un combinado de la Liga Cordobesa. Cuando jugó para esa selección, lo vio Belgrano. El que lo detectó fue Federico Bessone, coordinador de inferiores. Lo invitó a una prueba en el club de Alberdi.

Y Novillo fue. Con su hermano también. Lo malo fue que Lucas tuvo problemas de lesiones y no pudo seguir. Lo malo también llegaría para Joaquín...

Luego de un mes a prueba, quedó y lo pasaron a la octava división de Belgrano de la Liga Cordobesa (no de AFA). Y… no jugó en un año. “Una sola vez fui al banco. Quería largar todo, pero me dije que no lo iba a hacer”, se confiesa ante Mundo D.

Y no largó, se puso terco. Y más todavía cuando al año siguiente, en la séptima división, también arrancó de suplente. Un día se lesionó el defensor titular y ahí apareció el Joaquín Novillo que se guardó bronca y ganas de demostrar. Fue titular “para siempre”.

Salió de la Liga Cordobesa, llegó a las inferiores de AFA, subió y subió. Fue campeón con la cuarta y fue el capitán de la reserva de Primera. Fue, en definitiva, el chico más duro del predio, el que se bancó no jugar más que nadie.

En enero de 2019, el DT Diego Osella llamó a varios pibes para un trabajo táctico y lo dejó en cancha. Y lo volvió a llamar para los siguientes entrenamientos. Y Osella lo puso en la lista de los que trabajaron en la concentración de Salsipuedes. Y Novillo la remó. Y Osella vio esos remos. Y lo puso de titular con Central y después con Talleres. Y confió en él para el partido con Unión.

“Cuando vi que estaba en la pretemporada no lo podía creer, me tenía fe, pero como nadie había hablado conmigo… Y cuando vi en las prácticas que iba a jugar con Unión… fue una alegría enorme. Me acordé de todos esos meses sin jugar”, se emociona Novillo.

De ser “suplente para siempre” a “titular para siempre” en Belgrano, ese es su trayecto por ahora. Comparte la habitación en la concentración con el capitán César Rigamonti. Recibe consejos de Tomás Guidara, el otro pibe grande del equipo. Y dice que los grandes del plantel “son piolazos”.

Cuenta también que sintió nervios en las primeras jugadas con Unión y que le hubiera gustado mejor, ser más lírico y menos rústico, aunque entiende el momento de Belgrano, que cuenta monedas para zafar del descenso.

Joaquín miró la tribuna y vio a los suyos. Su mamá Claudia, papá Dardo, el hermano Lucas, la hermana Ailén y la amada novia Eugenia.

El gigante de los Novillo en el Gigante de Alberdi era Joaquín, el terco que nunca se rindió a no jugar en Belgrano
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COMENTARIOS

Usuario: Anonimo
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JOAQUÍN QUERIDO sé que vas CAMINO AL ÉXITO y te FELICITO porque no te PESÓ LA CAMISETA y eso quiere decir MUCHO, en otras palabras es TENER HUEVOS, pero el día que pierdas la HUMILDAD CAGASTE así de FÁCIL
30/01/2019 01:04

 
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