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Belgrano empató en el debut

Día a Día | 11/02/2014


¡PENAL! Bueno y el momento en el que le hacen la falta. Lollo lo hizo gol
¡PENAL! Bueno y el momento en el que le hacen la falta. Lollo lo hizo gol
Lanús tiene la jeta abierta y no entiende dónde está. Hace unos minutos ganaba el partido 1-0 y el Marciano Ortiz, que lo gritó como marrano, ahora se da cuenta que está en otro planeta. Un lugar especialísimo todavía afuera del manual de las Ciencias Pasionales, que llama la atención de los gurúes del amor. Para conocerlo, dicen, es condición estar medio loco, querer al hermano boliviano y aprender a sufrir. Y vaya si este último ítems en este planeta con cada vez más socios. Que anoche, en el Kempes, se quedaron con más que un 2-2.

Porque el intruso de Ortiz a los 10 del PT quiso arruinar la fiesta. Entonces los habitantes dentro del campo se nublaron. Como si todo lo afianzado en Necochea se lo hubiera llevado el viento. Pero, también informan algunos estudiosos, en ese planeta sólo sobreviven quienes aprenden a esperar.

Y la tranquilidad llegó cuando uno de los más experimentados en ese sitio especialísimo (Teté González) mandó un centro al medio para que alguien la empujara al fondo. Fue otro extraño llamado Paolo Goltz quien puso el 1-1 y un estruendo, que se vio desde la Tierra y el Suquía, fue la señal más fidedigna de que hay vida allá, o mejor dicha acá cerca, en el Pirata. Ni hablar cuando Luciano Lollo quemó a Marchesin para el 2-1.

Meteoritos complicados. Todo pintaba para fiesta porque el equipo lo había dado vuelta. Todos emocionados. 40 mil personas haciéndose escuchar en la vía láctea. Pero otra vez un cachetazo ante un desacople defensivo que Blanco aprovechó para el 2-2. Sí, como en aquel principio cuando Lanús invadía, el gol fue un meteorito sorpresivo que enrareció el clima.

Entonces ese planeta de aguante y confianza sintió el rigor de una visita que juega a la pelota con la pelota. Sobrevinieron el sufrimiento (aquel requisito indispensable para pertenecer) pero también el aliento constante para volver a orientar a sus hombres. Fue tanta la tensión que el dramatismo, no se sabe cómo tampoco, pagó su entrada porque no se quería perder el desenlace.

A medida que la contienda se extinguió, quedó para el recuerdo imborrable la cifra de los 29.180 socios que hoy tiene ese mundo particular llamado Belgrano. Es cierto, semejante récord hubiera sido todavía más feliz coronarlo con una victoria capaz de alegrar a ET que alguna vez jugó en las inferiores del Celeste.

Quizá algunos se fueron con la amargura que significó haber cedido después de un esfuerzo enorme, cuando la historia le daba la espalda al equipo de Zielinski, el DT en su cuarto año seguido.

Fue la noche que Belgrano se hizo socio de los hinchas. Que atravesó todos los estados, como se vive en este universo. Ya vendrán revanchas, ellas también siempre rondan cerca.

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