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Crónica del ascenso inolvidable de Belgrano ante River

La Voz del Interior | 26/06/2013


Después de una noche con más vigilia que sueño a causa de los petardos y las bombas, aquel día el plantel de Belgrano se levantó más tarde que lo usual.

El hotel en Buenos Aires donde se hospedó antes de la promoción ante River reforzó apenas la seguridad, que no alcanzó para ahuyentar acientos de fanáticos riverplantenses que fueron a molestar a los jugadores cordobeses.

El domingo 26 de junio de 2011 hacía frío, pero el sol era radiante.

El estadio Monumental lucía a pleno. River debía descontar el 0-2 (Mansanelli y Pereyra) del partido de ida en Alberdi y su gente lo acompañaba a full. Había confianza y algo de euforia.

"Hoy nos acuestan", pensó un hincha cordobés antes de subir a la platea Centenario. Sergio Pezzotta no era precisamente una garantía.

River arrancó siendo un vendaval.

La polémica arrancó ni bien comenzó el juego.

Gol anulado a Belgrano y penal no cobrado a River.

Al Pirata le costaba hacer pie y el Millonario facturó a través de Pavone, que clavó un derechazo al lado del palo.

Con el 1-0 se fueron a los vestuarios. Alguien del plantel celeste recordó después que se acercó a hablarle al árbitro porque Erik Lamela "se cansó de pegar".

"¿Y qué querés? ¿qué lo eche? No puedo echar a Lamela. Nos matan a todos" fue la respuesta de Pezzotta.

"Ya lo tenemos. Estamos para hacerle cuatro a Belgrano", dijo un periodista partidario antes del comienzo del segundo tiempo.

Y era verdad. Todavía no habían aparecido ni "el Mudo" Vázquez ni "el Picante" Pereyra, las dos espadas del equipo de Ricardo Zielisnki.

Pero el Pirata aguantó. Aguantó y esperó su momento.

A los 3 minutos, avisó "el Picante". Y a los 16, en otra contra marca registrada, Guillermo Farré, el que se bancó ser suplente durante un buen tiempo, el que se probó en Boca y le dijeron "hasta luego, gracias por venir", hizo el gol más determinante en la historia de Belgrano.

El Monumental enmudeció. O no tanto. Más de tres mil Piratas explotaron en uno de los codos del estadio. Abrazos, lágrimas, gritos... ahora la euforia era del Celeste.

Empujado por Pezzotta, que después denunció aprietes, River tuvo una oportunidad más.

Pavone, a doce pasos de Juan Carlos Olave. El "1" Pirata adivinó y volvió a congelar el estadio. Se instaló el murmullo, se revolearon algunas pilas, se patearon algunas butacas...

Y del otro lado, otra explosión. Otro momento mágico, de esos que el fútbol regala a cuentagotas.

Y ahí estaba el plantel y la gente y los dirigentes y el cuerpo técnico. Todos unidos, abrazados y cantando.

El Pirata volvía a ser Primera. Y bajando nada menos que a River, uno de los más poderosos del mundo.

El 26 de junio cambió la ecuación del fútbol argentino. Fue un día histórico, épico, maravilloso.

Inolvidable.

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