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Belgrano y el camino propio

La Voz del Interior | 05/11/2018


El triunfo por 2 a 0 sobre Gimnasia y Esgrima de La Plata no fue un logro cualquiera: antes sólo le había ganado a Estudiantes, al que le había anotado la misma cantidad de goles, pero del que había recibido uno. Frente los habitantes del Bosque platense, Belgrano obtuvo la victoria más holgada en la Superliga.

Lejos de supercherías, chamanes, ruda macho en los botines y toda la gama de supersticiones consumidas y por venir, creencias por las que se opta cuando la autoestima flaquea, Belgrano pareció volver a inyectarse la vitamina de su propia historia para revivir y ponerse de nuevo en carrera. En tiempos de desasosiego y casi desesperación, la suya fue la mejor elección; su rastro genético nunca falla.

Los antecedentes no lo ayudaban. Sólo un triunfo en 10 partidos; nada más que cuatro goles a favor; la derrota anterior con Vélez Sársfield y la constante amenaza del descenso. Como agregado aparecía otro ingrediente que hacía más indigerible la comida: no estaba Matías Suárez. La noche estaba para sufrir y se sufrió, pero la sonrisa al final afloró. Y como hacía mucho tiempo no ocurría, el sueño fue más relajado.

Belgrano empezó a remendarse desde el mismo inicio de la Superliga. Entre sanciones, cambios tácticos, bajas performances y lesiones casi nunca repitió el equipo. En ese estado llegó al Gigante el viernes pasado. Roto pero bravo, parchado pero guerrero, sus hombres parecieron volver a las enciclopedias de Arturo Orgaz y La Rioja, esas que cuentan de a decenas historias de sangre, sudor y mucho orgullo celeste.

Ayuda a la causa Diego Osella, cuya cara parece salida de la matriz en la que se forjan esos rostros fieros. Lo ayudan los jugadores, que entre limitaciones individuales y colectivas se las rebuscaron para que eso se notara lo menos posible. Lo hizo posible Maximiliano Lugo, que luce como la opción a Suárez para manejar los tiempos del equipo o para responder por sí mismo a la hora de ofrecer talento y alguna inspiración. Y lo hicieron los demás, a sabiendas de la necesidad del doble de esfuerzo para compensar otras debilidades.

Afuera o metido en el descenso tras la 11ª fecha, la victoria ante Gimnasia y Esgrima puede servir como disparador para afrontar el último mes y medio de competencia con otro ánimo. Los jugadores lo llevan en su mensaje; saben a qué recurrir para sumar puntos y ganar alivio. Los hinchas lo entienden igual. Quizá el primer gol, el que no figura en ninguna estadística, el que le sirvió a Belgrano para empezar a ganar imaginariamente el encuentro ante los platenses, se haya consumado con el banderazo la noche anterior, en el que el abrazo sincero pero condicionado del hincha lo incitó a ganar y le mostró el camino más conocido en Alberdi para conseguir objetivos, al que apeló el equipo para revivir al menos por una semana.


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