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Una excursión al infierno: Belgrano le ganaba a Independiente, suspendido cuando Agredieron a Olave

La Voz del Interior | 15/11/2012


Los casi 1.500 hinchas no lo podían creer. La Policía comenzaba a desalojarlos de la cabecera sur del Estadio Libertadores de América mientras asistían atónitos al show que la barra brava de Independiente había montado. Seis bombas de estruendo caídas sobre el arco que ocupaba Juan Carlos Olave obligaron a Saúl Laverni a suspender el partido.

No había arrancado la segunda etapa y la ilusión de los piratas de verse en el segundo puesto en la tabla del Torneo Inicial se llenaba de incertidumbre. Belgrano le ganaba 1-0 a Independiente y le confirmaba al país sus intenciones de pelear por el título. Pero la violencia, ese cáncer que aún la dirigencia del fútbol no ha logrado extirpar de los estadios, irrumpía con la impunidad de siempre.

Aturdido después de que dos petardos explotaran a centímetros, Olave, con un zumbido que le duró hasta un par de horas después de finalizado el partido, fue auxiliado por el jefe del cuerpo médico del club José Luna. Pidió continuar. Pero en cuestión de minutos, cuatro nuevas bombas cruzaron el alambrado, demostrando que el poder de los violentos sigue en plena vigencia.

Desde los cuatro costados (incluso desde la misma popular) se escuchó el repudio. “Vos sos de Racing la p… que te p…” y “váyanse todos”, entonaron los indignados. Hicieron suya la cruzada del presidente Javier Cantero para erradicar las prácticas más oscuras, esas que incluyen aliento a cambio de dinero. “Canteeero, Canteeero”, alentaron al dirigente que, según contaron testigos, estaba destrozado por lo ocurrido.

Preludio. Dos banderas que colgaron del alambrado no bien comenzó el partido fueron el preludio de lo que pasaría después. “Arietto miente. Tribuna sin su fiesta”, rezaba un trapo con los colores de… Boca. La destinataria del mensaje era Florencia Arietto, la valiente encargada de la seguridad en Independiente y el brazo ejecutor de las políticas de Cantero. En el primer tiempo hubo detonaciones, una suerte de ensayo como para preparar el terreno. Los estruendos encendieron los murmullos en la Caldera del Diablo. La debacle deportiva y la pelea por mantenerse en Primera (el equipo sigue sin salir de la zona descenso) aportaron nerviosismo.

Uno de los apuntados fue el exjefe de la barra Pablo “Bebote” Álvarez, cabecilla de Hinchadas Unidas Argentinas, la ONG fogoneada por el Gobierno durante el Mundial 2010. “Bebote, hijo de p…”, cantaron todos. Desde el campo, la Policía intentó disuadir a los violentos (la doctrina actual aconseja que no estén en la popular), que se fueron cuando a ellos les pareció que era el momento.

Javier Cantero tiene 55 años y aún no cumplió 365 días como dirigente. Armando Pérez elogió su valentía y dijo que había que ayudarlo. Compungido, el titular rojo señaló con voz firme: “Van a tener pelea”. En tanto, Belgrano deberá esperar. 

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