Bogdanov recibió una plaqueta en reconocimiento a su trayectoria como socio en el 2005.
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Bogdanov recibió una plaqueta en reconocimiento a su trayectoria como socio en el 2005.
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Es jueves. Todavía faltan un par de días para que juegue Belgrano. Pero él no aguanta. Quiere saber qué pasa con su Pirata querido. Qué noticias hay. Lo siguió siempre. Toda la vida. Y ahora que vive en Venado Tuerto, Santa Fe, su sentimiento por el Celeste parece haberse agigantado aún más. Entonces se decide. Agarra el teléfono y no duda en discar el número de su nieto Ariel, él que la tiene clara. “Vuelve el Picante (Pereyra), abuelo. Y también el Hacha (Mansanelli)”, le cuentan del otro lado del tubo. Y él se tranquiliza. “Vamos a volver a ganar este fin de semana. Hay que tener fe”, contesta a la distancia, como hincha fanático de la B que es.
Pero ojo. Miguel Bogdanov no es un hincha más de Belgrano. Todo lo contrario. Es el socio en vida más antiguo de la institución de Alberdi. Un club al que comenzó a seguir de niño, con “la barra de amigos de la esquina” que todos tienen y que él tuvo en barrio General Paz. “Colgándose del tranvía” y siendo testigo de esas tardes de fútbol en la que el Gigante de Alberdi no era tan gigante. Cuando tenía apenas dos tribunas de madera y cuando, en vez de alambre perimetral, había largas y gruesas cadenas distribuidas alrededor de la cancha para que nadie ingrese al campo de juego a “molestar”.
Si incluso una vez recordó cómo una de esas gradas se derrumbó (un accidente que “gracias a Dios no terminó en una tragedia”). Y, por supuesto, la B todavía sigue siendo su gran pasión. Un sentimiento que heredaron sus hijos Eduardo, Pochi y Joli. Y que también se impregnó en el corazón de muchos de sus nietos, especialmente en el de Ariel y Lucas Bogdanov (los hijos de Eduardo).
¿Cuántos años lleva Miguel siendo adherente del Pirata? Ni más ni menos que 82. Sí, 82. Es que allá por 1930 se hizo socio por primera vez. Y ese fue un hábito que jamás abandonó hasta el día de hoy, disfrutando de sus 93 pirulos.
Es más, desde 1953 es vitalicio de Belgrano (el requisito para serlo es tener 25 años de abonado). Y todo esto motivó un reconocimiento por parte de la dirigencia encabezada por Armando Pérez: una camiseta Pirata con la leyenda “Miguel vitalicio” en la espalda, entregada por César Pereyra, el sábado 10 de este mes, en la previa al duelo con San Lorenzo que se jugó en el ahora Gigante de cemento, luces y alambrados. “El Picante es su jugador preferido”, le cuenta su nieto Ariel a Día a Día. Además, tiempo atrás, cuando el Celeste festejó su centenario (exactamente siete años atrás), Bogdanov recibió una plaqueta en honor a su enorme trayectoria como socio.
“Belgrano es realmente una parte muy importante de mi vida. Me dio grandes alegrías y me hizo conocer mucha gente. Soy un agradecido de este club”, sostiene el más antiguo socio de Belgrano en diálogo con este medio. Y una de esas personas que conoció gracias al fútbol fue al enorme Víctor Brizuela. “Tenía una gran relación con él. Lo apreciaba mucho”, rememoró.
Desempolvando la historia. Miguel tiene cientos de anécdotas. Y, claro, muchas de ellas son poco conocidas para el hincha común. ¿Un ejemplo? Para la gran mayoría, el partido más importante de la historia de Belgrano fue el que jugó con River el año pasado, donde terminó logrando el ascenso. Y para él también fue una alegría incomparable. Sin embargo, Bogdanov tiene “su” juego preferido. “Una vez que le ganamos a Talleres 9 a 4 en 1947. Ése fue el debut de La Mona Peralta.
Fue un partido que era una guerra entre hinchadas, y Peralta hizo 4 goles el día de su debut. Belgrano jugaba con una de las mejores delanteras que vi, formada por Carrizo, Coria, Peralta, Lucero y García”, tiró como si se tratara de un clásico jugado ayer. Y al toque agregó: “Para mí los mejores jugadores de este club fueron Julio El Sargento Murúa, un número 5 que era un crack, Tito Lazcano, el Maestro Ignacio Romero. Jugadores fuera de serie. De los últimos años creo que el Picante Pereyra es un gran jugador nos dio muchas alegrías. Y Juan Carlos Olave también, un arquero que lleva muchos años defendiendo los colores celestes”.
Por otra parte, este hombre que siempre se dedicó al comercio, que comenzó “vendiendo bolitas y también cordones”, se refirió a la actualidad del equipo dirigido por Ricardo Zielinski. “Esta rueda el equipo está más irregular. Veo muchas discusiones entre los jugadores, y les falta la garra del Apertura, que fue lo que lo caracterizó. Igualmente creo que tenemos un muy buen equipo y que va a levantar”, analizó el queridísimo abuelo de Ariel que refuerza: “Para mí él es una escuela de la vida, sin haber completado el secundario. Hablás con él y es todo una enseñanza. El año pasado falleció Adela, su mujer, y no estuvo bien. Pero creo que el amor por Belgrano le ha alargado la vida. Es un hombre muy querido por todos los que lo conocen”.
Belgrano tiene un monumento nuevo. Pero uno en vida, señores. El viejo y glorioso Miguel.