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OLAVE CONTRA LA CORRECCIÓN POLÍTICA

21/10/2014


55.000 personas insultan a Olave –que no tiene hinchas propios por absurda disposición– y el problema es Olave, que les responde con otra chicana, a la altura de la que está la burla de 55.000 tipos que, en lugar de festejar el 3-0 de River, decidieron burlarse de un futbolista rival. Para colmo, Olave “se atrevió” a recordar en el vestuario el 26 de junio de 2011, el día del descenso de River. Porque nuestra cabeza porteña no piensa que esa tarde, en simultáneo, se consumó una gran hazaña de Belgrano que tuvo como protagonista esencial a Olave. No. Sólo descendió River. Y Olave tiene que callarse y no decir ni mu. No puede decir que le pareció mal que algunos imbéciles, en nombre de un dolor deportivo, destruyeran un estadio mítico e intentaran incendiarlo. De ningún modo. El gran problema es que Olave lo diga, no que haya ocurrido. Que Olave lo diga es “levantar la apuesta”, es “fomentar la violencia”. Teo Gutiérrez le pisó un dedo a Olave, le hizo señas a la hinchada de Lanús, vive en permanente conflicto con los rivales y nosotros lo miramos con simpatía. Los árbitros jamás lo amonestan. “Qué pícaro que es Teo”, decimos. Hasta se cuenta como anécdota graciosa que alguna vez haya sacado un arma en un vestuario.

Pero discutimos a olave. “Olave ya se había duchado y en el vestuario recordó lo del descenso y que cais incendian la cancha”, braman ofendidos periodistas que “entienden a la gente”. No es grave que 55.000 insulten a uno indefenso. Es grave que Olave les haga una seña de que se fueron al descenso –el equipo de Olave perdía 0-3, recordamos– como respuesta a absurdas chicanas que, increíblemente, reemplazaban a los festejos por una victoria amplia, en un partido sufrido, pero que River había resuelto con jerarquía individual y dos golazos de la parte genial de Teo.

Ayer me decían “las cosas están peor” y es cierto. El hincha de hoy es un hincha hipnotizado por las cosas que se ven y se dicen en televisión, por el bombardeo de partidarios que rugen en las radios. Es un hincha que no reconoce méritos en el rival, es un hincha que está más pendiente de las peripecias del rival que de los temas propios. En la Bombonera, el 90 por ciento de los cantos son contra River. En Independiente, hay un porcentaje similar de cantos contra Racing. Racing armó un velorio gigante –aún a riesgo de una dura sanción– por el descenso de Independiente. River no para de pagar sanciones económicas por cantos racistas contra Boca. Y así es en Rosario, La Plata, Córdoba y donde uno ponga su mirada. El fútbol se convirtió en una aburrida y poco ingeniosa guerra “contra el otro”. Quedan pocos cantos a favor de “los míos”.


Olave tampoco necesitó de River o Boca. Tiene como “mancha” los siete goles de Estudiantes a Gimnasia en 2006, pero “la tarde del descenso de River” fue gloriosa para Olave. Porque Olave era el arquero de Belgrano, atajó un penal y para Belgrano eso fue una hazaña que debe estar entre las más grandes de su historia. En nuestra cabeza porteña, es “la tarde del descenso de River”. Pero esa tarde, ascendió Belgrano, además. Lo insultaron y respondió con un par de ademanes. El árbitro Baliño –celosísimo con las cuestiones de Belgrano, laxo con las de River– lo amonestó correctamente. El arquero llegó al vestuario y, muy relajado, dijo “lo que está mal es que hayan querido quemar su propia cancha”. Y no se colgó ninguna medalla que no le correspondiera: “Mi paso por River fue intrascendente”, dijo. O sea, no mintió. Y les recordó una tarde que, para él, fue gloriosa.Pero el tema es no rendirse. Decir “las cosas están peor” y caerle a Olave por responder a insultos absurdos, no sólo es adoptar una cómoda posición “políticamente correcta”, sino que es ponerse de rodillas ante la estupidez. Estupidez que se prolongó en los medios partidarios de River y en algunos periodistas vinculados al cuadro millonario. “En el año que estuvo en River, Olave no fue ni al banco”, dijeron en El Show del Fútbol el domingo a la noche, como si esto fuera descalificatorio para un futbolista que tiene muchos años de carrera y como si lo único que hace bueno a un jugador es “estar en River/Boca”. Llegar a River o Boca o a cualquiera de los grandes es bárbaro. Pero si no, hay otras cosas. Juan Sebastián Verón es uno de los más fabulosos jugadores que dio este país y no necesitó de una gran carrera en Boca para ser quien es. Bochini fue enorme en Independiente, Rubén Paz en Racing, el Pipi Romagnoli en San Lorenzo. Ninguno necesitó de River o Boca.

Esto le pareció demasiado a la corporación periodística. Queda mejor decir que todo está mal y que los futbolistas son soldados de plomo que no deben expresar nada de lo que les pasa. Les gritan, los escupen, los putean, los cargan hasta con tremendos problemas familiares, pero no pueden decir nada. En cambio, parece “normal” que 55.000 tipos tengan como objetivo un arquero rival sin hinchada y no un festejo sin límites por un 3-0 que dejó a River en las puertas de un nuevo título. Da mucha pena.

Quiero que las cosas vuelvan a ser como eran. Y la resistencia no se hace censurando a quienes responden, sino volviendo a normalizar situaciones del fútbol que hicieron del fútbol una de las mejores cosas de la vida.

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COMENTARIOS

Usuario: Anonimo
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Usuario Registrado PabloRomero - 181.31.1...
Es una nota del Chavo Fucks
23/10/2014 18:32

Usuario Registrado Piripichi - 190.216....
Citen la fuente muchachos.
22/10/2014 17:18

 
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